jueves, 25 de noviembre de 2010

Contenido de la Carta Puebla, de Illescas.

Físicamente, esta Carta Puebla es una auténtica joya; asomarse a ella es acariciar la historia con los ojos. Hablamos de un privilegio real trazado en latín sobre un antiguo pergamino, un documento que dictaba las normas de juego para los nuevos habitantes, regulando desde la propiedad de las tierras hasta la convivencia jurídica de la comunidad. Era una herramienta clave durante la Reconquista, pensada para dar vida, orden y seguridad a enclaves estratégicos recién ganados, como nuestra Villa.
Pero si nos fijamos en su belleza visual, desde un punto de vista paleográfico (el estudio de las escrituras antiguas), el texto destaca por lucir la llamada letra carolina. Es un estilo de caligrafía fascinante, famoso por sus líneas simétricas, sus trazos gruesos y la elegancia de sus astiles altos —esos rabitos superiores de las letras— que se curvan en la primera línea con una regularidad perfecta. Al observarlo con atención, esa acusada tendencia geométrica nos desvela algo mágico: estamos ante el eslabón perdido que ya anunciaba el nacimiento de la futura escritura gótica medieval.


Fragmento de la Carta Puebla de Illescas .



Carta Puebla de Ciudad Real.

Así lo denominan desde el archivo municipal de Illescas. La verdad es que nunca he tenido la dicha de poder verla en persona; tan solo conozco un pequeño fragmento gracias al libro “Historia de Illescas”, escrito por Francisco Romo de Arce y Torrejón (1995), y el contenido que dejó reflejado Alberto Aguilar Carmena en su joya de 1927, “Illescas: notas histórico-artísticas”. Estos textos, sumados a otros apuntes, ideas y recuerdos, son los referentes de los que me nutro para rendir este pequeño homenaje a nuestra Villa y a su pasado.
A continuación, os comparto la versión castellana de este histórico documento: la Carta Puebla de la Villa de Illescas, concedida por el rey Alfonso VII el Emperador en Toledo, fechada a VIII de los idus de abril de la era 1192 (que corresponde al 6 de abril de 1154).
Carta Puebla de Benavente


“En el nombre del Señor, Amen. Yo Alfonso, Emperador de Espala, en unión de mi mujer la Emperatriz D.ª Rica y con mis hijos los Reyes Sancho y Fernando, otorgamos a vosotros los hombres de Illescas así presentes como futuros y a vuestros hijos y descendientes todos, esta carta de donación de cuantas heredades poseáis actualmente y ya poseíais en la villa de Illescas, para que desde hoy disfrutéis libre y pacíficamente, sin que por ello paguéis canon alguno, sino tan solo sendos cahices de pan mediado de trigo y cebada. Y os doy por término a Casarrubios, y a Torrejón, y a Azaña, y a Balaguera, y a Boadilla y dispongo que nadie pueda tener allí heredad sino los gascones, y os doy como fuero que no tengáis en la villa de Illescas Alcalde ni juez, ni Alcaldes, sino gascones, y hágalo para que desde hoy lo hagáis y poseáis vosotros y vuestros hijos y descendientes por juro de heredad perpetuamente, por ser esta mi firme voluntad. Si empero alguien intentare contravenir a ella, sea maldito, excomulgado y condenado al infierno por traidor Judas y peche al erario real mil maravedises. Hecha esta carta en Toledo, era 1192, a VIII de los idus de Abril reinando el referido Alfonso, Emperador de Toledo, en León, en Galicia, en Castilla, en Nájera, en Zaragoza, en Baeza, y en Almería. El Conde de Barcelona, vasallo del Emperador, Sancho , rey de Navarra, vasallo del Emperador. Yo Alfonso, Emperador de España, de mi propia mano corroboro y confirmo esta carta que mando escribir.
El rey Sancho, hijo del Emperador, confirma.
                                                                El Rey Fernando, hijo del Emperador, confirma.
El Conde Poncio, mayordomo del emperador confirma.
                                              Juan, Arzobispo de Toledo y Primado de España, confirma.
El Conde Amalrico, lugarteniente en Baeza, confirma.
                                                                      Gutierre Ruiz, Alcalde de Toledo, confirma.
Gutierre Fernández, confirma.             
                                                                               El Alguacil, Julián Decapela, confirma.    
García Garcíaz de Aza, confirma.
                                                                                    El Alguacil, Julián Pérez, confirma.



Nuño Pérez, Alférez del Emperador, confirma.

                                                                          Esteban Abembram, Zalmeida, confirma.
Juan Fernández, Chantre y Canciller del Emperador, mandó escribir esta carta.”.
Carta Puebla de S. Miguel.
Carta Puebla de Madridejos.


Carta puebla de Villaviciosa.
Carta Puebla de Bilbao.

miércoles, 17 de noviembre de 2010

Comienza la Historia.

Por el momento nos dejaremos de tiempos tan remotos, a sabiendas de que cualquier vestigio de ellos se perdió irremediablemente en la memoria de los habitantes de estas tierras. Nos ceñiremos, en cambio, a los retazos de historia que sí han logrado llegar hasta nuestros días. Según la fuente que se consulte, se cuenta que Illescas fue fundada por los griegos curetes o por los griegos almunides.
Un ejemplo de ello lo podemos leer en el libro “Población General de España: historia cronológica, blasones y conquistas heroicas...” (un título largo donde los haya), escrito por Juan Antonio de Estrada en 1748. En su obra se cita textualmente:
“Se llamó Titulcia, nombre romano del Emperador Tito, que se sospecha fue a su honor cimentada pero tal vez reedificada porque hay quien diga que fue de los Griegos Almunides y que se llamó Illarcuris, y parece más cierto, pues de esto quedó Illescas”.

Para encontrar una explicación más científica, podemos acudir al escritor Álvaro Galmés de Fuentes. En su libro “Los topónimos: sus blasones y trofeos (la toponimia mítica)”, publicado en el año 2000, nos explica que el nombre de Illescas está estrechamente relacionado con la raíz protoindoeuropea il-, que significa “ciudad”. Con diferentes terminaciones, encontramos esta misma raíz por toda la península, dando origen a nombres como Ilibirri (“ciudad nueva”), Ilerda (“Lérida”) o Ilurcis (“Lorca”). En nuestro caso, al unirse con la terminación -isica o -esica, dio como resultado Ilesica, según las reglas del romance preliterario centro-meridional. Más adelante, tras sufrir una simplificación mozárabe, evolucionó a Iliesca, la forma de la que finalmente nos llega el actual Illescas.


El caso es que nuestra Villa ha atravesado por diversas épocas de esplendor y decadencia hasta llegar a su estado actual. Teniendo en cuenta la costumbre de los antiguos de bautizar las tierras que fundaban o conquistaban con nombres de su propia patria y lengua, es lógico suponer que Ilarcuris —el nombre primitivo más antiguo que conocemos— se derivara de Ili-Curis, o lo que es lo mismo, "ciudad de los curetes".
Sin embargo, las crónicas dicen que estos fundadores terminaron abandonando la península debido a una pertinaz sequía (aunque, como siempre, los historiadores no terminen de ponerse de acuerdo). Fue tras esta desbandada cuando llegaron los cerritanos o curitanos —a los que la sequía no les debió de importar mucho, o quizás es que sabían cómo sacar el agua de donde no la había, ¡vete tú a saber!—. Estos nuevos pobladores, a los que algunos cronistas llamaron almunides, fueron los primeros en edificar aquí una fortaleza o colonia que sirvió de refugio como ciudad sacerdotal.
 
Tabla de Europa
  Ptolomeo, en el año 162, cita a Ilarcuris en la Carpetania dentro de su segunda tabla de Europa, señalando exactamente su situación en grados respecto a Toledo. Tras este apunte, el silencio se apodera de los documentos y ya no se vuelve a tener noticia o mención alguna de la Villa hasta el año 636. Es entonces cuando san Julián, arzobispo de Toledo, al hablar de san Ildefonso, relata que este fundó un monasterio de religiosas en la Villa. El motivo de tan largo intervalo fue, indudablemente, la desaparición casi por completo de la población hacia el año 433, época en la que terribles epidemias asolaron la Carpetania y mermaron drásticamente a los habitantes de zonas como Madrid y Toledo.

Tomado este enclave y su provincia por los árabes, e indudablemente debido a su estratégica situación, la restauran y conservan no como una plaza fuerte, sino como un lugar de recreo, utilizando y mejorando su hermoso Alcázar (¡parece que estoy hablando de otro pueblo, a que sí!). Tras la Reconquista, el rey Alfonso VI la donó a la Iglesia de Toledo, de cuyo poder pasó misteriosamente al Obispado de Segovia sin que se sepan muy bien las causas.
Sin embargo, el dominio segoviano duró poco. El 21 de marzo de 1124, el rey Alfonso VII el Emperador redimió la Villa mediante una «carta de truco» —es decir, un trueque o intercambio— firmada con el arzobispo de Segovia para que volviera a ser de suelo real. Años más tarde, el 6 de abril de 1154, este mismo monarca firmaría la famosa Carta Puebla de nuestra ilustre e imperial Villa.
¿Quién nos iba a decir que bajo el asfalto que pisamos cada mañana se esconden los ecos de un Alcázar musulmán, de trueques entre reyes y de la firma de un Emperador? Nuestra historia no empezó ayer con las naves industriales ni las avenidas modernas; se forjó a base de privilegios reales y de la resistencia de un pueblo que se ganó a pulso su nombre. Así que, la próxima vez que crucéis el casco histórico, recordad que pisáis suelo imperial. Y vosotros, ¿conocíais este trueque real que nos devolvió a la Corona? !seguid atentos a las próximas migas de historia!

viernes, 12 de noviembre de 2010

En Lontananza...



A estas alturas de la historia, creo que habrá pocas personas, que no sepan donde está ubicada la Villa de Illescas, pero para empezar el cuento por el principio, tendremos que decir, que está asentada en la parte septentrional de la “muy fértil” llanura de la Sagra, (comarca natural castellana comprendida entre el río Guadarrama y el río Tajo-no reconocida jurídicamente- que incluye localidades pertenecientes a la provincia de Madrid y a la provincia de Toledo,).

Esta comarca debió merecer en remotos tiempos de la predilección del hombre prehistórico, pues antaño se encontraron numerosos instrumentos de piedra que así lo daban a entender. Unos tallados en silex y otros en silimanita (fibrolita).

Uno de los lugares donde más herramientas de este tipo se hallaron, fue en los Cerros del Prado. Situados al Sur Este de la población. Estos cerros llamados popularmente como los “Cerros Blancos”.
 Durante décadas han sido utilizados como vertedero municipal, siendo así, que sería preciso excavar varias capas de basuras, tierras y escombros, para poder encontrar algún vestigio de estos “utensilios” del pasado, pues de otra manera sería totalmente imposible.

Están atravesados por la vía férrea, al hacer su tendido fueron hallados numerosos y grandes huesos fósiles de animal antediluviano. Rotos en trozos pequeños para repartírselos ignoramos la suerte que aquéllos pudiesen correr.
Hace tiempo se conservaba en la localidad uno, y que según por su aspecto y condiciones parecía ser un fragmento de superficie articular de un animal de gran tamaño ¿Sería quizás un gran Saurio?? Quién sabe, el hueso en cuestión está desaparecido, descatalogado, o perdido, los gobernantes nunca tuvieron demasiado interés en preservar ningún tipo de descubrimiento.

Herramientas de Silex


Es curioso pensar, que el hombre prehistórico tuvo que transportar la fibrolita desde  una distancia de no menos de 70 Km., concretamente de la Sierra de Guadarrama. Este sitio al parecer es el más próximo a nuestra población, donde se da este tipo de mineral, estos hombres del paleolítico debieron transportar la fibrolita para la construcción de objetos diversos, y prueba de ello fue el hallazgo de un trozo de tamaño bastante grande, en el cual se podían apreciar las huellas quedadas al arrancar porciones .


A si que, nos queda divagar sobre la hipótesis de considerar esta región como centro de producción análogo al de instrumentos de silex, (exclusivo de los Cerros del Prado).  Lamentablemente de todo esto, no tenemos idea en el actual Illescas, estos instrumentos fueron desapareciendo, unos por dejadez, otros por codicia. Los que fueron hallados hace más de cien años, están perdidos para siempre, y los que se van encontrando en la actualidad, al acometer diversas obras públicas o privadas, se entierran y se silencian, para que nadie pueda parar las obras, y no se pierdan los millones invertidos.

Pero podríamos pensar ¿Qué condiciones reuniría este enclave, en aquellos remotos tiempos? La verdad que es cierto que lo ignoramos, pero de su bondad nos hablan estos numerosos y variados restos,  aunque tengamos que creerlo a través de un pedazo ajado de papel o de un medio informático, para que al menos ese trecho de memoria no se pierda como ocurrió con todo lo encontrados, de tan diversas épocas.
¿¿Pudieron ser parecidos los restos encontrados en nuestra Comarca??, nunca lo sabremos

martes, 9 de noviembre de 2010

Comienzo...


“Al dar estas líneas a la publicidad no me propongo descubrir Illescas. Nada de eso. Más humilde aún, su móvil sólo tiene una mira fija: la de intentar, por todos los medios, se conserven los magníficos tesoros artísticos que aún existen y que de verdadera casualidad se han podido librar de la ignorancia de muchos, los descuidos de varios y la desidia de todos. ”

Alberto Aguilar Carmena, “Illescas. Notas histórico Artísticas” (Madrid. Hauser 1927)

Plaza de Las Cadenas 

Mi afición por la historia y las cosas del pasado, me han llevado a poseer, documentos y publicaciones de  más de cien años, de esta manera me fui enterando poco a poco ,  de aquellos usos, tradiciones y costumbres, que encerraba este pueblo donde el destino tuvo a bien que naciese. Y que comúnmente entre los lugareños, se refieren a el como “Mi Pueblo”.

Con el devenir de los años, “Mi Pueblo” se ha ido convirtiendo poco a poco, en una “mini” ciudad dormitorio, en la que, numerosas y relucientes viviendas de nueva construcción, han sido cimentadas a lo largo y ancho de esta Villa, que según dicen los expertos, ya en la Carpetanía, se referían a ella, como Illarcuris (ciudad de Curetes).

Illescas Vista General

Cuando Alberto Aguilar Carmona,escribió su libro, no podría sospechar siquiera el Illescas actual, pero  ya tenía la certeza de que, aunque siempre  fué, una de las localidades donde el cúmulo de recuerdos históricos, sus joyas artísticas y su enclave estratégico entre la Ciudad Imperial de Toledo y la Villa de Madrid, le dieron nutrida fama entre Reyes, Artistas y escritores. El hecho es que toda su conservación y pureza artística han sido profanadas, deslucidas y enterradas sin ningún pudor por parte de los gobernantes y sin ninguna oposición por parte del pueblo.

 Ya pasaron al olvido, de nuestra memoria, las joyas de la iconografía como la Talla del Salvador del Mundo del siglo XIII desaparecida en la guerra civil o las tallas de los Cuatro Evangelistas atribuidas al Greco o a su hijo ( los historiadores no se ponen de acuerdo en este punto)  el cuadro  “Los Desposorios de la Virgen” que alguien expolió a finales del siglo XVIII, amén de otras muchas de las que no se tienen constancia y nunca fueron catalogadas o en su defecto lo fueron pero ya no queda vestigio alguno para seguirles la pista.

Como escribe Arturo Pérez Reverte, “cada uno tiene sus lugares, los amuebla con los libros leídos, con la imaginación y con la propia vida”. Que gran frase para recapacitar.
 En todo caso y usando este medio informático  quiero dar a conocer, no solo enclaves de Illescas ,desconocidos por muchos de sus habitantes, si no también rendir homenaje a todos los que alguna vez, sintieron la necesidad, de recopilar datos para transmitírselos a los demás.

Con la humildad de ser simplemente un alma nacida en Illescas, dedico este Blog, a todos los habitantes de “Mi Pueblo”.

Nevada 2010