De todos es sabido que en Illescas tenemos una puerta medieval, testigo superviviente y silencioso de que la villa estuvo amurallada: la emblemática Puerta de Ugena. Esta estructura, curiosamente, fue la primera en construirse según los escritos y crónicas, y es la única que aún sigue en pie. Sin embargo, dado su estado actual de «bonita por fuera y derrumbosa por dentro», no sé cuántos años más podremos disfrutar de esta maravilla de la arquitectura defensiva, levantada en 1181 según nos explica, de forma tan estoica como escueta, Fernando Jiménez de Gregorio.
Respecto a las imágenes que allí se veneraban, la respuesta depende de a quién se pregunte: unos hablan de San Pedro, otros de San Ildefonso, y con las vírgenes ocurre lo mismo. De lo único que tengo certeza es de que, hasta el fatídico año 1936, allí hubo un protector para los viajeros y para el pueblo.
Esta costumbre romana de colocar hornacinas en los accesos, además del sentido mágico y místico de protección, cumplía la función de faro guía, pues a la deidad en cuestión nunca le faltaba un candil de aceite o, en las grandes ocasiones, una vela. Lo que no sabe todo el mundo es que estas estructuras defensivas se edificaron en aquellos años convulsos, después de que el rey Alfonso VIII decidiese fortificar las villas y pueblos más importantes ante la amenaza de un ataque musulmán. Así, durante algunos siglos, Illescas permaneció protegida con sus cinco puertas y sus torreones alzados cada veinte o treinta pasos (según la zancada de cada constructor, ya que en aquel entonces el metro no existía).

Aunque están en negativo, se puede apreciar el resto de muralla
El enigma de la Puerta de Madrid y la Virgen que nunca se marchó
Una curiosidad poco conocida es que a este acceso se le llamaba también la "Puerta del Mercado", a pesar de estar lejos de lo que hoy conocemos como la Plaza o la Cruz del Mercado. El motivo era puramente económico. Los mercaderes y viajeros que venían a vender sus productos a la Villa tenían que pagar unos impuestos de portazgo muy elevados cada vez que cruzaban las puertas. Como los vecinos de Illescas estaban exentos de esta tasa, los comerciantes preferían quedarse en extramuros con sus mercancías, obligando a los illescanos a salir fuera de las murallas para hacer sus compras.
Pero el verdadero enigma gira en torno a la "Virgen de la Guía". Es muy probable que la imagen —si no la original, al menos una copia— todavía se encuentre en el pueblo. De hecho, la pequeña hornacina con una Virgen que hoy nos saluda y nos despide al entrar a la Calle Real refuerza una hipótesis que comparto con otros historiadores: la talla se salvó de la demolición de la puerta en el siglo XIX y sigue oculta en el municipio. Las razones que sustentan esta teoría se basan, simplemente, en cómo funcionaban las cosas en aquella época. Cuando el Concejo de Illescas decidió derribar la Puerta de Madrid en el siglo XIX porque los nuevos carruajes, cada vez más grandes, apenas podían pasar sin rozar o encajarse en su ojo.
La demolición se planeó con tiempo. La hornacina no se vino abajo por sorpresa. En estos casos, la cofradía o las familias devotas del barrio solían pedir permiso para retirar la figura religiosa antes de que llegasen los obreros. Al no existir un museo en el pueblo (ni entonces ni ahora, en realidad), las imágenes pequeñas de las murallas o ermitas terminaban custodiadas en oratorios privados, capillas particulares o en los patios de las casas solariegas de los nobles locales. A veces, incluso, se recolocaban en hornacinas en las fachadas. Al pasar a manos privadas de generación en generación, se les perdía el rastro oficial, pero la pieza físicamente nunca salía del pueblo.
Existe, por supuesto, otra teoría: que fuera trasladada a alguna de las capillas de la Iglesia de Santa María o al convento de las Franciscanas Concepcionistas. De haber sido así, es muy probable que el paso del tiempo, sumado a los saqueos y la destrucción de la Guerra Civil, terminaran por perderla para siempre. El misterio, por ahora, sigue abierto en nuestras calles.

Esta también está en negativo, se aprecia que ya no hay muro y en su lugar hay una casa.
La Puerta de Talavera: devoción rural y heridas de guerra.
Otra de las puertas principales era la Puerta de Talavera, situada al oeste de la Villa, en la salida natural que conectaba Illescas con los caminos hacia Torrijos y Talavera de la Reina. Según apuntan algunos historiadores, su hornacina albergaba tradicionalmente una imagen de San Antón, o San Antonio Abad. La devoción en este acceso concreto respondía a la propia lógica de la vida rural de nuestro pueblo. Al ser el patrón y protector de los animales, colocar su imagen allí era una forma de bendecir el ganado —rebaños, jumentos, pollinos y caballos— que cruzaban a diario este umbral hacia las zonas de pastos occidentales, blindando así un pilar fundamental para la economía local.
Al igual que ocurría con los otros santos y vírgenes del municipio, la festividad de San Antón tenía un arraigo especial. Cada 17 de enero, la tradicional bendición de los animales se convertía en una costumbre popular tan fuerte que ha logrado sobrevivir hasta nuestros días, aunque con el tiempo el escenario se haya trasladado a la iglesia parroquial.
Sin embargo, esta puerta sufrió muchísimo a lo largo de los siglos. Su estructura quedó gravemente dañada, primero durante las revueltas medievales de Álvaro de Luna y, más tarde, en la Guerra de los Comuneros de Castilla a principios del siglo XVI. Tras soportar tanto desgaste bélico, para cuando el Concejo se propuso demolerla en el siglo XIX, el arco ya estaba prácticamente desmoronado. Paradójicamente, la estructura colapsó por sí sola antes de que llegaran las piquetas, provocando que la imagen original de San Antón se perdiera definitivamente entre los escombros.
La Puerta del Sol: heráldica y misterios bajo el sol naciente.
Un punto crucial en la muralla era la Puerta del Sol.
Esta albergaba un relieve o medallón con un sol radiante e, incluso, puede que también con una luna, de manera similar a la famosa Puerta del Sol de Toledo. Estaba situada al este, en dirección a la salida hacia la zona de Palomeque o los caminos de la Vega.
Según algunos apuntes históricos, en la otra cara de la puerta —la que miraba hacia el interior del pueblo— existía un relieve con el símbolo papal y de la Iglesia católica por excelencia: dos llaves cruzadas en forma de "X" (una de oro y otra de plata en la heráldica tradicional, aunque supongo que en la piedra de la puerta serían ambas del mismo material). Estos símbolos representaban el poder celestial y terrenal otorgado a San Pedro. Como hay muy pocos datos, evidentemente esto no son más que teorías que yo misma he ido analizando a partir de las distintas fuentes que he consultado; pero no por ser una hipótesis es menos sólida y hermosa. Al contrario: salir o entrar por un acceso custodiado por las Llaves de San Pedro, con el sol como reflejo de Cristo y la luna como símbolo de la Virgen, haría que los viajeros emprendiesen su camino en armonía y paz de espíritu.
Es curioso que de todas las calles de Illescas, en esta, la calle Puerta del Sol, no tengamos duda alguna sobre el origen de su nombre. Si te sitúas en ella mirando al este por la mañana, verás amanecer; y si miras al oeste por la tarde, tendrás que protegerte los ojos porque el disco solar se esconde justo al final de la vía.
Sea como fuere, la puerta tuvo el mismo destino que tres de sus hermanas: el derrumbe en el siglo XIX para ensanchar las calles y permitir el paso de los nuevos carros y carretas.
Aunque algunos escritos también apuntan a que fue en la Guerra de la Independencia, cuando esta puerta colapsó, junto con el Alcazar.
La Puerta de Toledo: la gran Entrada Imperial
Y llegamos a la última y no menos importante: la Puerta de Toledo, también conocida como la Entrada Imperial. Estaba situada en el extremo sur del casco histórico y, al ser la salida natural hacia la capital, se consideraba la puerta "noble" de la Villa. Por ella solían entrar los reyes y los arzobispados cuando viajaban desde la ciudad del Tajo, ya fuera de paso hacia Madrid o por asuntos propios de Illescas. Al ser el acceso más estrechamente ligado al poder de la archidiócesis, se supone que su hornacina albergaba la imagen del propio San Ildefonso, santo patrón de Toledo y de su arzobispado y, por ende, de toda la comarca. En su fachada destacaban majestuosos relieves con las armas de la catedral toledana y el escudo real, confirmando su papel como el gran acceso ceremonial del municipio. Lamentablemente, corrió la misma suerte que el resto: fue demolida en el siglo XIX para abrir paso al ensanche sur del pueblo y dar forma a lo que hoy es la actual calle Real.
Hoy en día, de aquel imponente cinturón defensivo de barro, ladrillo y piedra que un día resguardó los pasos de reyes, mercaderes, santos y soldados, apenas nos queda el testimonio solitario de la Puerta de Ugena. Las demás puertas cayeron ante la piqueta del siglo XIX en nombre de la modernidad y el progreso, mientras que los sufridos lienzos de tapial fueron desapareciendo en un derribo silencioso que, asombrosamente, permitió a algunos restos sobrevivir camuflados en el entramado urbano hasta la década de 1980. Hoy, transformado casi todo en amplias avenidas, cruces de calles y semáforos por los que pasamos a diario sin reparar en lo que hubo bajo nuestros pies, la esencia medieval de Illescas sigue grabada en la fisonomía de nuestro casco histórico. Recordar sus ubicaciones, rescatar sus hipótesis y comprender la lógica de sus santos protectores es nuestra forma de mantener abiertos, al menos en la memoria, aquellos cinco viejos umbrales que durante siglos definieron el orgullo y la seguridad de nuestra Villa.

En la actualidad cómo se puede apreciar, por dentro aún se puede ver las antiguas piedras medio " derrumbosas".









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