viernes, 24 de julio de 2026

El Puente Medieval de la Tenería: las piedras que el tiempo no pudo borrar

Hola. Aquí estoy de nuevo. 

Gracias a todos los que os acercáis a este espacio; vuestro apoyo me da ánimos para seguir escribiendo e investigando. Aunque, a decir verdad, indagar sobre la historia en general, y la de Illescas en particular, a menudo se convierte en un ejercicio de frustración, salpicado de dosis de cabreo y mal humor.

Entre archivos perdidos en los avatares del tiempo y el manto de olvido y dejadez que arrastramos desde hace siglos, rescatar nuestro pasado requiere paciencia. Exige leer, comparar datos y pasar muchas horas frente a los documentos para, a lo mejor, tan solo descubrir el antiguo nombre de una calle o de un paraje. Es un esfuerzo que la mayoría de las veces pasa tan inadvertido como las propias historias que intento rescatar. Pero, al igual que las ajadas piedras de nuestro entorno, aún me quedan ganas de permanecer aquí: en pie (o más bien sentada) y, al igual que ellas, me niego a desaparecer.

Hoy me pongo las botas y agarro mi bastón porque quiero que me acompañéis. Os invito a un paseo por un paraje de nuestra Villa que debería ser un remanso de frescura, naturaleza y respeto por nuestro patrimonio. Lamentablemente, este rincón medieval hoy está en ruinas, abandonado entre la basura y pasando desapercibido para muchos...Cruzar el Puente Medieval de la Tenería es dar un salto al pasado con los ojos cerrados, dejándose guiar por el eco de una historia que las instituciones parecen haber olvidado. A menudo pensamos que el patrimonio de Illescas se reduce a los lienzos de El Greco, a los milagros o a las crónicas palaciegas que acaecieron en el pasado; pero la verdadera identidad de nuestra Villa se forjó en la tierra, en el barro, en el agua y en el esfuerzo diario de sus habitantes. 

Escondido en la zona oeste, este robusto y resistente arco de piedra sobre el arroyo del Cubo sobrevive no solo a las riadas de los siglos, sino también a una preocupante dejadez histórica que ha borrado gran parte de sus fechas y nombres propios. Sin embargo, las piedras tienen memoria. Hoy aparto el silencio institucional para desenterrar esas pequeñas "migas de historia" que, en su conjunto, componen el alma de este pueblo. Os hablo de un rincón que un día olió a cuero, a esfuerzo gremial, a sudor y a sangre. Un espacio donde labriegos y arrieros conectaban nuestro pueblo con el resto de la Sagra...

El nombre de este paraje no es casual: hace referencia directa a las antiguas tenerías, los talleres donde los artesanos curtían y preparaban las pieles. Desde el siglo XV, este oficio —vital para la economía local— requería obligatoriamente el acceso a una corriente constante de agua para lavar los cueros. Por ello, y debido a los fuertes olores que generaba el proceso, este barrio gremial se asentó en la periferia. En su época de mayor esplendor, entre los siglos XV y XVI, de tres a cinco familias de curtidores operaban aquí simultáneamente. No eran grandes industrias, sino pequeños artesanos que debían convivir y repartirse meticulosamente el uso del agua. 

Para garantizar un paso seguro en este entorno de bullicio industrial y blindar el comercio local, el Concejo de la Villa ordenó construir este puente de piedra de un solo ojo: solido, funcional y desafiante al paso del tiempo. Aunque hoy nos cueste imaginarlo ante la alarmante escasez de agua que sufre el arroyo del Cubo, en aquel entonces se trataba de una infraestructura estratégica. Illescas crecía con fuerza gracias al comercio y al tránsito de viajeros, pero el arroyo cortaba el paso hacia los caminos de la zona oeste de la Sagra. Si bien en verano el caudal descendía exponencialmente, las estaciones de otoño, primavera e invierno traían fuertes crecidas que amenazaban con aislar al pueblo y ponían en peligro la vida de viandantes, labriegos y carros de mercancías. El puente se convirtió, así, en nuestro cordón umbilical con los caminos antiguos que conducían a El Viso de San Juan y Carranque.

Pero el tiempo no perdona y los oficios cambian. Dando un salto cronológico hasta 1752, nos encontramos con el famoso Catastro del Marqués de la Ensenada, el cual nos permite asomarnos por una pequeña rendija al censo de oficios de nuestra Villa. Gracias a este monumental interrogatorio real, sabemos que en aquel año aún se resistía a desaparecer la tradición en el paraje, registrado con una arcaica "h" intercalada como "Theneria". Aquel último taller se hallaba en extramuros _fuera de la desaparecida Puerta de Talavera _ El negocio era propiedad de Don Cristóbal López del Valle, vecino de Illescas, y en él se fabricaba suela y cordobán. Aunque su dueño seguía trabajando a pesar del ya por entonces escaso caudal del arroyo, el taller se encontraba poco surtido; apenas podía producir unos tres mil reales al año. La gran industria de la piel en la Sagra agonizaba, pero Don Cristóbal mantenía vivo el último aliento de una herencia centenaria. Imaginar el día a día en aquellas pozas es evocar una realidad tan cruda como fascinante. 

El proceso comenzaba en los caleros o pelambres, unas piletas donde los artesanos mezclaban el agua con cal viva para ablandar las pieles y poder arrancar el pelo. Tras este baño, venía una de las fases más duras del oficio: el purgado. Para eliminar la cal y flexibilizar el cuero, los curtidores recurrían al uso de orines y excrementos de animales. El amoníaco de estas sustancias, sumado al calor del verano, convertía este paraje en un foco de olores insoportables, justificando por qué debían trabajar lejos de los muros de la población. Una vez limpias y purgadas, el verdadero secreto del curtido ocurría bajo el suelo, dentro de los noques o cajones. Eran pozas rectangulares excavadas en la tierra y construidas, nunca mejor dicho, a cal y canto para asegurar una impermeabilidad perfecta. Allí dentro, las pieles se "asentaban" durante meses sumergidas en un agua teñida por el polvo del zumaque local (o taninos). Curiosamente, en las excavaciones de nuestra Villa suelen aparecer gran cantidad de tinajas de barro medievales. Siempre nos han dicho que servían para guardar el vino o el grano, pero conociendo la fuerza de este oficio, ¿y si muchas de esas piezas de arcilla no eran despensas, sino los noques ocultos de nuestros curtidores? La arqueología de la provincia ya ha demostrado en otros yacimientos que las tinajas enterradas eran el motor silencioso de las tenerías castellanas. 




Hace poco, los cimientos de una nueva vivienda en Illescas dejaron al descubierto lo que para muchos —incluso para ojos expertos— "no era nada": una estructura blanca de tres metros y muros olvidados de adobe y ladrillo. Para mí, tras examinar las fotos y unir las piezas del mapa histórico, no hay duda. Allí, en una zona hoy engullida por el crecimiento urbano pero que en el pasado eran las afueras desiertas junto al arroyo, emergió el verdadero enclave de nuestra tenería. Esas costras de cal que la tierra devuelve, esos muros modestos de adobe y las piedras del Puente de la Tenería que hoy pisamos entre plásticos y desidia, son los testigos mudos de la Illescas que se forjó con el sudor de sus vecinos. Apartar el silencio institucional no es solo limpiar la basura de un paraje; es rescatar la dignidad de nuestra propia historia antes de que el cemento y el olvido la sepulten para siempre.


miércoles, 17 de junio de 2026

Muros de Clausura , Vidas Olvidadas...

Cuando paseamos por la calle de las Monjas en la actualidad, solo vemos un edificio ajado por los años, abandonado y a punto de derrumbarse: es el Convento de la Purísima Concepción de la Madre de Dios. Hoy es un remanso de paz dentro del patrimonio cultural de la villa, pero si viajamos en el tiempo hasta los primeros años del siglo XVI, descubriremos que su nacimiento estuvo ligado a las más altas esferas del poder eclesiástico y a una mujer hoy olvidada: Sor Inés de la Concepción.

 Ella es la demostración de que, indiscutiblemente, la gran Historia de España pasó por Illescas.


Catálogo de Santas Vivas
Catálogo de Santas Vivas

Para entender cómo Inés llegó a nuestra villa, hay que mirar su árbol genealógico, pues era prima hermana del Cardenal Francisco Jiménez de Cisneros, uno de los hombres más poderosos de la época, regente de España y confesor de la reina Isabel la Católica. Así, cuando Cisneros decidió fundar un nuevo e importante convento franciscano en Illescas, supo exactamente a quién recurrir para liderar el proyecto. Necesitaba a alguien de máxima confianza, con experiencia y con una espiritualidad intachable. Inés era la candidata perfecta.

Antes de llegar a Illescas, Inés profesó como religiosa en el Convento de Santa María de la Cruz, en Cubas de la Sagra, forjando su vocación bajo la tutela y el ejemplo de Sor Juana de la Cruz _ Santa Juana_, compartiendo fatigas y desvelos en una de las épocas de mayor esplendor espiritual del centro. Esta convivencia fue un pilar fundamental para Sor Inés; Sor Juana gobernaba con mano firme el Convento de Cubas como Abadesa, mientras Inés profesaba como monja y discípula, formándose directamente bajo el amparo, la estricta disciplina de clausura y la influencia mística de Juana. De ella aprendió el modelo de liderazgo conventual que más tarde exportaría a Illescas, con su primo el Cardenal Cisneros como nexo de unión.

Catálogo de Santas Vivas

Juana en aquel tiempo gozaba de una fama colosal en Castilla. Tenía el don de la predicación _un hecho insólito para una mujer de la época, y más insólito aún que los hombres la escuchasen_, y figuras de la talla del Emperador Carlos V y el propio Cardenal Cisneros viajaban a Cubas exclusivamente para escuchar sus sermones y pedirle consejo político y espiritual.

Como he dicho antes, Inés dejó Cubas de la Sagra en 1514 para establecer una comunidad de franciscanas en Illescas merced a una bula papal de León X _cuyo nombre secular era Giovanni di Lorenzo de' Medici, miembro de la poderosa familia Médici_. No viajó sola: le acompañaba un grupo de monjas profesas procedentes de su mismo monasterio. La dotación económica aportada por Cisneros permitía el sostenimiento de treinta religiosas, pero, lógicamente, en alguna parte debía habitar ese grupo de mujeres al llegar a la villa.

Aquí es donde entra otra mujer olvidada de la historia de Illescas: Elvira López, una noble dama que proveyó el suelo para la fundación, cediendo las propiedades, solares y casas principales que poseía en el entramado urbano para tal menester. Sobre las viviendas y corrales cedidos por Elvira, Inés y sus monjas proyectaron la distribución del nuevo convento. Al tratarse de construcciones civiles preexistentes, las religiosas tuvieron que habitar y adaptar a contrarreloj el espacio, creando los muros de clausura, las celdas comunes y habilitando una de las salas como capilla provisional. Dentro del grupo de monjas que acompañaron a Inés se encontraban:

_ Sor Lucía de los Ángeles, nombrada Vicaria y su mano derecha directa en la jerarquía, encargada de sustituir a la abadesa y coordinar el día a día comunitario.

_ Sor Eufrasia de Santa Clara, como Maestra de Novicias encargada de la formación de las futuras vocaciones.

_ Sor María de Jesús, al frente de la liturgia y el coro.

 _ Sor Isabel de la Cruz, encargada de la administración e intendencia.

 De las demás, hasta treinta no he podido recuperar los nombres, los cuales supongo que descansarán en los archivos del Obispado.

Lamentablemente, Inés falleció joven, en 1515, y su cuerpo descansa en el coro de la capilla. Algunas fuentes apuntan que su cuerpo se mantuvo incorrupto y que de él emanaba un olor de espiritualidad parecido al de las flores, pero no existen registros históricos, documentos ni crónicas que afirmen este hecho. Este malentendido tiene su origen en dos motivos principales dentro del ámbito de la historia religiosa. Por un lado, la confusión con otras figuras de la orden, como la célebre María de Jesús de Ágreda (Soria); al compartir orden y renombre histórico, a veces se mezclan sus biografías. 

Convento de las Concepcionistas

Por otro lado, el fenómeno de las "Santas Vivas", grupo en el que Inés está catalogada históricamente entre los siglos XV y XVI. Este término no se refería al estado de su cuerpo tras morir, sino a una corriente mística de la época: eran mujeres con una intensa fama de santidad, austeridad y liderazgo espiritual en vida, muy respetadas por la sociedad y las autoridades eclesiásticas. La temprana muerte de la joven abadesa no hizo sino aumentar el mito.

En la actualidad, el edificio principal se mantiene en pie tal y como fue concebido, pero acusando el paso de los siglos.

 Su planta irregular de dos alturas, en cuya parte posterior destaca un extenso patio con huerta donde crece el Nogal de Sor Ángeles, protegido localmente y visible desde la calle Pocilla. La fachada luce el característico aparejo toledano, donde se alternan paños de mampostería entre verdugadas de ladrillo. En este lienzo exterior podía contemplarse el escudo heráldico esculpido en piedra del Cardenal Cisneros, testimonio directo de su patronazgo histórico. El Cual retirado después de la Guerra Civil, descansa en el interior del Claustro. Justo sobre la puerta de entrada, una sobria hornacina cobija la imagen en piedra de la Inmaculada Concepción, titular de la orden. Corona el edificio una cubierta de teja árabe dispuesta a diferentes aguas, rematada por aleros con ménsulas de madera.

Convento de las Concepcionistas 

En 1984 aún existía un colegio anexo al convento en la misma plaza de las Monjas, llamado de San José. Ante la deficiencia estructural del edificio monástico y los graves problemas de habitabilidad en esas estancias, se tomó una decisión dolorosa pero necesaria. Las monjas, que poseían la propiedad legal de este edificio escolar aunque no formara parte del legado original de Elvira López, decidieron clausurar y derribar el colegio para levantar sobre su suelo un complejo residencial moderno, cómodo y adaptado a las necesidades de la clausura. Esto les permitió abandonar las dependencias históricas más ruinosas sin tener que mudarse de la emblemática calle de las Monjas. Es precisamente en el interior de este nuevo complejo donde las religiosas protegieron sus mayores tesoros artísticos, habilitando un pequeño Museo de Arte Sacro que custodia una selecta colección de cuadros antiguos, la protegida Virgen de Belén y el fresco renacentista de la Sagrada Cena, el cual se salvó milagrosamente del derribo al quedar el muro del refectorio intacto y abrazado por la nueva edificación.

Fresco de la Última Cena refectorio Convento de las Concepcionistas 

Conocer la historia no es solo un ejercicio de nostalgia; es la prueba de que este espacio, como tantos otros, nació para servir al pueblo y que su situación actual es una deuda pendiente con nuestra propia identidad. Es paradójico pensar que el convento que aún alberga los restos de su primera Abadesa, que ha sobrevivido a los saqueos de la Guerra de la Independencia y de la Guerra Civil, hoy sufre el peor de los males: el olvido y el deterioro. El patrimonio no es solo piedra; es memoria viva. Ver cómo un complejo arquitectónico de esta magnitud e importancia, con más de 500 años de historia, se degrada a la vista de todos... es una herida abierta en el corazón de Illescas.

Nuestra Señora de Belén, Convento de las Concepcionistas

Sor Inés y sus primeras monjas dedicaron su vida a la comunidad; desde la fe y la asistencia, cientos de mujeres hicieron lo mismo a través de los años. Hoy, siglos después, este espacio se puede reconvertir. Sus muros abandonados pueden transformarse en un Centro Cultural, un espacio de atención ciudadana, talleres para jóvenes o un hogar para asociaciones locales. Las posibilidades son infinitas y no, no es destruir el pasado de este monumento: es honrarlo, devolverlo a la vida y a la utilidad social con la que Cisneros y Sor Inés lo concibieron originalmente en el siglo XVI. Cada vez que los vecinos de Illescas, y sobre todo los que nacimos y crecimos aquí, pasamos por esa calle, añoramos la algarabía de los niños entrando y saliendo de clase, el murmullo y las risas cómplices de las jóvenes que daban vida a la plaza de Las Monjas Hoy, sin embargo, ese bullicio se ha ahogado en un silencio de abandono que pesa demasiado. Elvira López entregó sus casas y su patrimonio secular; Sor Inés de la Concepción desgastó su juventud liderando la fe y la asistencia de la villa. No permitamos que la desidia institucional derribe lo que las guerras y el paso de los siglos respetaron. Illescas no puede permitirse el lujo de dar la espalda a sus raíces. Recuperar este convento no es solo salvar unos muros de ladrillo y piedra, sino saldar una deuda moral con nuestra propia identidad. Es hora de que el Ayuntamiento y los organismos responsables asuman su compromiso con el patrimonio local, abran las puertas de este edificio al porvenir y transformen la nostalgia de lo que fuimos en una certeza de utilidad social para las futuras generaciones. No dejemos que se hunda la memoria de nuestra villa. 


miércoles, 3 de junio de 2026

Aunque se Entierre en las Profundidades. al final todo sale a la luz.

Cuando el progreso destruye nuestra historia

¡Hola! De nuevo me pongo a teclear como me han recomendado médicos y amistades... Gracias a mis compañeros de la UNED por el apoyo recibido, en especial a Jesús Benito Etayo, el cual se ha pasado todo un año alabando mis palabras escritas en este humilde espacio.
Hoy voy a hablar un poco de lo que todo el mundo se enteró en el pueblo hace dos semanas: se trata de la necrópolis monumental más antigua encontrada en la Península Ibérica hasta la fecha. Hablamos de unos 6000 años, lustro arriba, lustro abajo.
Pero como hay que empezar por el principio, esta que escribe es lo que hizo al comenzar mi andadura allá por el 2010, basándome en los escritos de D. Alberto Aguilar y en algunas de sus fotografías conservadas de utensilios tales como puntas de flecha, cabezas de hacha, piedras de pulir y cortar, etcétera.

Siendo del pueblo como soy (de toda mi vida) y teniendo ya cierta edad, mis recuerdos se remontan hasta los Cerros del Prado o, como popularmente se llamaban, Cerros Blancos. Entonces, en los años 60 y 70, se utilizaban de vertedero municipal; aunque ya había escritos de posibles asentamientos antiguos, ¿Quién se iba a preocupar por cuatro piedras y cuatro trozos de vasijas? Pues eso... De pequeños íbamos a jugar mucho por aquellos parajes. Cuántas veces habremos saltado los túmulos sin saber que debajo, hacía miles de años, niños como nosotros también saltaban y jugaban y, lo peor, que sus restos yacían debajo.
En septiembre de 2012 escribí un artículo precisamente sobre unos silos, fosas o agujeros que habían salido en el paraje de La Veredilla. Nadie sabía explicar qué eran ni para qué se usaban, y mucho menos la época en la que se hicieron y emplearon. Así, a la "chita callando", fueron apareciendo más y más agujeros por todo el paraje de La Veredilla, y luego por Las Cárcavas. Hasta que en 2020, cuando las grandes logísticas se trasladaron a Illescas, se descubrió el gran yacimiento del que todos hablan y del que se hacen eco los periódicos y revistas: Valdelasilla. Un paraje totalmente semidesértico con un gran túmulo central; el gran hallazgo de los hallazgos. Pero volvamos al principio para comprender ciertas cosas.

Entre 1984 y 1991 se desarrollaron las obras de la A-42. A su paso por Illescas arrasó con todo lo que pilló por delante. Las vías, en vez de ir por donde estaba el campo, hicieron lo que llaman desmonte; es decir, excavar para rebajar el nivel del terreno. Antes de 1985, en España no existían las leyes de Impacto Ambiental ni de Patrimonio Histórico obligatorias para las carreteras. Las excavadoras entraron a destajo y, si aparecía algo, procuraban que no se supiese: los propios operarios lo volvían a enterrar o destruir para que las obras no se paralizasen.
Imaginaos por un momento detener el tráfico de la autovía (bueno, detenerse se detiene todos los días por los atascos); me refiero a detener el tiempo y excavar justo debajo. Pues ya no existe nada, nada en absoluto. Las máquinas arrasaron con todo desde la Dehesa de Moratalaz hasta Yuncos y más allá. Si por casualidad sacaron algo, yace en cajas de cartón olvidadas, amontonadas en el Museo de Santa Cruz o en la nave de Sonseca. Una historia, la nuestra, obligada a ser desenterrada a toda prisa y sin control.
Si mañana te pilla uno de esos atascos interminables a la salida o entrada del pueblo, mira a tu alrededor. Las excavadoras no solo movieron toneladas de arcilla y piedras, sino que sepultaron y arrinconaron nuestro pasado más antiguo. Imagina que los terrenos que hoy ocupan los polígonos logísticos fueron el hogar de comunidades prehistóricas que dejaron su huella en forma de complejos silos que, aún hoy y a pesar de los estudios, nadie está seguro de para qué se hicieron.

Es de sobra conocido, aunque les pese a personas del gremio, que las sucesivas ampliaciones de la antigua N-401 destrozaron yacimientos sin catalogar. Los arqueólogos de la época hacían "prospecciones de superficie"; es decir, ir andando por caminos y veredas viendo qué sobresalía de la tierra (igualito que lo que hago yo, ya veis). Gracias a eso (y encima hay que dar las gracias) se sabía que la zona de Illescas estaba repleta de restos romanos (que los habitantes no hemos visto ni uno) y de la Edad del Hierro (que tampoco). Pero, en general, los movimientos de tierra previos a 1990 apenas se excavaron con metodología científica.
El punto de inflexión fue la Ley de Patrimonio de 1985. Justo cuando empezaban las obras fuertes de la autovía se aprobó la Ley de Patrimonio Histórico Español. Esta ley empezó a obligar a hacer "arqueología de urgencia"... Aunque tardó algunos años en lograr que las cosas se hiciesen medianamente bien, entre los desmontes que se registraron entre Madrid y Toledo destaca el yacimiento de Arroyo de Humanejos. Allí se identificaron las primeras piezas de vasos campaniformes (y sus características cazuelas y cuencos), con decoraciones hechas mediante incisiones y líneas impresas, donde usaban peines o punzones para adornar con mimo sus vasijas.
Otros yacimientos como Valladares, Valdelasilla o Las Cárcavas han sido excavados y catalogados... Seis mil años de historia bajo los campos de cultivo.

Y llegamos a 2020. En la zona de Valdelasilla, un área que quedó cortada por la autovía al igual que los Cerros del Prado (ahora lo llaman "Cerro Blanco" porque claramente solo queda uno), todas estas excavaciones han demostrado sin ninguna duda que toda la loma y los cerros paralelos a la autovía eran, en realidad, un inmenso complejo continuo de silos y viviendas.  
Este hallazgo monumental cerca del arroyo Viñuela fue identificado mediante una excavación de rescate o "arqueología de salvamento" (una intervención arqueológica rápida y sistemática, realizada en un terreno amenazado por obras, desarrollo o desastre natural, cuyo objetivo es recuperar, documentar y proteger la información histórica antes de que el sitio sea destruido de forma irreversible).
Y eso es lo que la ley del 85 permite: catalogar, documentar, expoliar (ellos lo llaman recuperar) y proteger la información... Pero el sitio ya no existe. Da igual que hubiesen pasado las excavadoras como en la autovía; ahora hay dos sendas empresas de logística en las 45 hectáreas que ocupaba este asombroso descubrimiento. Un lugar que no es solo un enterramiento singular ni unos objetos y huesos bien conservados; es que, gracias a este hallazgo, han podido demostrar un megalitismo único que reescribe el origen europeo.

Porque vamos a ver, estoy de acuerdo en que todo este tema lo han tenido que pagar las empresas que querían desarrollar los terrenos, que no es un complejo tan "especial" como para mantenerlo abierto, que a la gente no le gusta (no han preguntado a la gente, fijo), que pierden un montón de dinero y no es viable, y bla, bla, bla... Pero digo yo, ¿para qué lo destruís? ¿No se podía haber quedado como estaba por si dentro de 50, 100 o 6000 años alguien volvía a encontrarlo y entonces sabrían lo que ahora no se sabe? ¿Por qué coger hasta la última piedra y derribar el complejo? No me entra en la cabeza, la verdad. Algo que llevaba 6000 años en pie y en dos ha desaparecido para siempre. Qué orgullosos deberán estar todos, la verdad.
Todo esto es el reflejo de una alarmante miopía institucional que nos da el premio de consolación porque ha metido la Historia en una caja de cartón.
La autovía pudo sepultar los caminos de la prehistoria y las logísticas han podido enterrar una construcción megalítica, pero aún queda gente que alza la voz —en mi caso, las teclas— para recordar que, bajo las miles de toneladas de asfalto y hormigón, aún late una cápsula del tiempo que se niega, por derecho, a ser olvidada.
Hasta la próxima.

  Las fotos han sido sacadas del Articulo de Investigación Cambridge University Press

miércoles, 20 de mayo de 2026

La Historia Pasó por Illescas - El Regreso

De vuelta a las teclas: pequeñas migajas de la historia de Illescas
    Hola. Después de más de una década sin publicar, he decidido a seguir con este interesante, atractivo y fascinante hobby que es escribir la olvidada historia de mi pueblo, Illescas.
El porqué de mi abandono no lo voy a contar porque no viene al caso, creo que es mucho mejor contar el porqué de mi vuelta.
En octubre de 2025, me apunté a unas clases que impartía la UNED para personas SENIOR (sí, lo has adivinado, tengo más años que un bosque…). El caso es que, desde el primer día, tuve compañeros que elogiaban mi trabajo. Algunos lo leían por primera vez, otros lo conocían de hacía tiempo, pero no me conocían a mí. Por su parte, mi profesor y amigo, que ya sabía de mi afición, me instaba a seguir escribiendo.
Han pasado los meses y nos encontramos al final del curso. Ha sido entonces cuando he decidido retomar esta actividad. Primero, como trabajo de fin de curso, segundo para dedicárselo a todos mi compañeros por un año maravilloso y demasiado corto, en el que me he perdido demasiadas clases debido a mi salud (de la que tampoco voy a contar nada).
En esta primera entrada de vuelta a las teclas y debido a que es un trabajo de fin de curso, me he propuesto dos partes. La primera es plástica; un detalle que mañana llevaré a clase. La segunda es esta; contar pequeñas migajas de historia que, a mí personalmente, me parecen interesantes.

San Ildefonso
Este santo toledano (602-667) es muy conocido en nuestro pueblo. ¿Quién no ha entrado al Santuario de Nuestra Señora de la Caridad y no se ha fascinado con el cuadro que de su persona pintó Doménikos Theotokópoulos, por todos conocido como el Greco? Si sois de los que nunca habéis ido a verlo, os estáis perdiendo uno de los más espléndidos cuadros que el pintor griego plasmó en sus lienzos.
Gran devoto de Nuestra Señora de la Caridad, dejó muchos versos y frases dedicados a ella. Un ejemplo es:
"Por eso soy tu siervo, porque mi Señor es tu hijo; tú eres mi Señora, porque eres esclava de mi Señor".
Bueno, la verdad es que eso de que María fuese esclava de Cristo o de Dios no me gusta mucho, pero eran otros tiempos y se escribían cosas así.
"Para ser servidor devoto de su propio hijo, aspiro a ser el servidor de la madre".
"¡Oh, Clementísima Virgen! Saca de los tesoros de tu misericordia refrigerio para mi ánimo".
Esta última a mí me sirve de mantra porque la digo muchas veces. Ya la decía antes de saber su autoría... Imaginaos lo que puede llegar hasta nosotros desde el siglo VII, que fue cuando se escribió.




La Virgen
Desde tiempos inmemoriales, en Illescas se venera a Nuestra Señora de la Caridad. No tengo datos de ninguna aparición mariana, aunque sí hay registros de sus milagros. Existen muchas historias que dicen que fue traída junto con la Virgen del Sagrario (de Toledo) por San Eugenio, pero no son más que leyendas.
En origen, se trata de una talla románica del siglo XII o XIII. Aunque posteriormente ha sufrido muchas modificaciones, la fe de los illescanos y de los numerosos visitantes que llegan al santuario no ha declinado, y nos seguimos acordando de ella en nuestras plegarias.
He encontrado unas cuantas bastante curiosas y muy antiguas:
"Que la Virgen de la Caridad te cubra con su manto, nos libre de los miedos y nos guarde de todo mal".
"A la Virgen de la Caridad le pido que me libre de las malas lenguas y me devuelva el bien perdido".
Esta última existe porque debía de haber mucho cotilla por el pueblo, ¿verdad? Y aquí viene mi favorita:
"La Caridad está en Illescas, que al que no lleva tortas no le dan trigo".
Critica la hipocresía y el interés personal. Proviene del antiguo Hospital de la Villa, donde se repartían alimentos y tortas de pan, pero con una condición estricta: para recibirlos, antes debías aportar el grano (trigo, cebada, avena…).




La Virgen Viajera
En 1612, en la bahía de Nipe (Cuba), tres muchachitos —dos hermanos y un amigo de apenas nueve y diez años— salieron a buscar sal para conservar la carne. Una tormenta los sorprendió y tuvieron que refugiarse. Al amainar, divisaron algo que flotaba y que se dirigía hacia ellos.
Cuál no sería su asombro al comprobar que era una talla de una Virgen con un niño en brazos, flotando sobre una tabla en la que se leía: "Yo soy la Virgen de la Caridad". Cuenta la leyenda que, a pesar del temporal, ni la figura ni los ropajes estaban mojados.
Los niños llevaron la imagen al poblado de Barajagua, donde le improvisaron un tabernáculo, pero cuentan que la Virgen desaparecía misteriosamente y reaparecía en la cima de una colina. Las gentes del lugar interpretaron esto como una señal divina y le construyeron un altar. Hoy en día, miles de peregrinos de todos los lugares se acercan a la Basílica Santuario Nacional de Nuestra Señora de la Caridad del Cobre, en Santiago de Cuba.
Al igual que ocurre en Illescas, también en Cuba tienen sus plegarias a la Virgen de la Caridad del Cobre:
"En los días buenos y en los momentos difíciles, que tu luz sea mi consuelo y tu manto mi refugio".
"Santa María de la Caridad, que viniste como mensajera de paz flotando sobre el mar..."
También de estas plegarias tengo mi favorita:
"La Virgen de la Caridad, que desde su peñón de Cobre, mira con los mismos ojos al rico que al pobre".

 


 


Los que escribieron de Illescas
Bueno, ahora me voy a poner un poco más "laica", porque Illescas ha tenido visitantes a lo largo de los siglos que la han nombrado en sus libros, novelas y escritos varios.
Hace tiempo, cuando se inauguró el Centro de Especialidades y Diagnóstico de Illescas, pusieron en los pasillos unos paneles con dibujos de la villa y frases de autores que nombraban al pueblo. La verdad es que muchas veces paso las esperas médicas releyendo esos paneles y analizando lo que quieren decir. La mayoría están escritos por autores del Siglo de Oro, que no siempre querían decir exactamente lo que se leía, no sé si me entendéis...
Por mi parte, como no se pueden hacer fotos en el centro y nadie me da razones de cómo y por qué se eligieron esos fragmentos en concreto, fui por el camino más largo. Busqué en la Biblioteca Nacional, que tiene un inventario digital enorme donde encuentras cualquier cosa con una sola palabra, y localicé estas pocas frases escritas por autores de renombre.
Tengo que empezar, cómo no, por Lope de Vega (1562-1635). Está documentado que este escritor pasó largas estancias en Illescas y se deleitó con los asados de sus mesones y el frescor de sus guindas. Escribió El caballero de Illescas (famosa comedia escrita en 1612 y publicada en 1618) y El infanzón de Illescas (también conocida como El rey Don Pedro en Madrid, publicada en 1633). De ellas he sacado estas frases:
"¿Bien? ¿Qué dice agora poca ropa? ¿A qué buena por acá el Caballero de Illescas?"
"Pasando inmenso trabaxo en hallar tinta y pluma, de que no es tan abundante Illescas como de guindas".

 



Sigo con fray Gabriel Téllez, más conocido como Tirso de Molina (1579-1648), de quien creo que tenemos una calle en el pueblo (o al menos la teníamos).
"Camino de Illescas voy, que las sospechas de un celoso corren más que un gamo" (La villana de Vallecas, 1627).
"Camino de Illescas van, huyendo del calor, donde los mesones dan al viajero buen olor y a los campos lindo pan" (El vergonzoso en palacio, 1624).



 

No podía faltar Miguel de Cervantes. Aunque algunos escritores y eruditos del pueblo siempre dijeron que no pasó por aquí —cosa muy rara en esos días, siendo Illescas una villa llena de viajeros de todos los pelajes donde no faltaban las tabernas y los mesones, y siendo el autor muy dado a esos entretenimientos (según cuentan)—, no puedo asegurar que estuvo a ciencia cierta. Sin embargo, en su obra Los trabajos de Persiles y Sigismunda (1617) nos obsequia con esta conversación:
"No fue sino en Illescas —dijo Isabela— cogiendo guindas la mañana de San Juan al tiempo que alboreaba; mas, si vas a decir verdad, que es milagro que yo lo diga, siempre le veo y siempre le tengo en el alma".

 





Bien, y para terminar (que me estoy pasando tres pueblos y a ver quién lee este tocho ahora), aparece otro autor que me ha sorprendido bastante, porque nos salimos del Siglo de Oro y nos adentramos en el realismo de Benito Pérez Galdós (1843-1920).
De su obra El doctor Centeno (1883):
"Cierto sujeto, que estuvo bastantes años en Filipinas, ocupaba un gabinete solo por temporadas porque su residencia habitual era Illescas..."



 

Bueno, esto es todo por hoy. Quienes seáis de ciudades o pueblos muy importantes y muy renombrados literariamente pensaréis que menuda tontería por cuatro frases. Sin embargo, a los que somos de Illescas nos hace mucha ilusión, la verdad, que se nombre a nuestro pueblo en cualquiera de las grandes historias que nuestros literatos han tenido a bien dejarnos en herencia... No sé si el próximo día será más y mejor; lo que sí sé es que cada palabra que publico lleva todo mi sentimiento hacia mi pueblo.
Os lo dedico a vosotros, amigos de la UNED SENIOR de Illescas. Gracias por todo, y espero que el año que viene nos juntemos otra vez para explorar toda la historia olvidada (o casi) de la Villa.