Cuando el progreso destruye nuestra historia
¡Hola! De nuevo me pongo a teclear como me han recomendado médicos y amistades... Gracias a mis compañeros de la UNED por el apoyo recibido, en especial a Jesús Benito Etayo, el cual se ha pasado todo un año alabando mis palabras escritas en este humilde espacio.
Hoy voy a hablar un poco de lo que todo el mundo se enteró en el pueblo hace dos semanas: se trata de la necrópolis monumental más antigua encontrada en la Península Ibérica hasta la fecha. Hablamos de unos 6000 años, lustro arriba, lustro abajo.
Pero como hay que empezar por el principio, esta que escribe es lo que hizo al comenzar mi andadura allá por el 2010, basándome en los escritos de D. Alberto Aguilar y en algunas de sus fotografías conservadas de utensilios tales como puntas de flecha, cabezas de hacha, piedras de pulir y cortar, etcétera.
Siendo del pueblo como soy (de toda mi vida) y teniendo ya cierta edad, mis recuerdos se remontan hasta los Cerros del Prado o, como popularmente se llamaban, Cerros Blancos. Entonces, en los años 60 y 70, se utilizaban de vertedero municipal; aunque ya había escritos de posibles asentamientos antiguos, ¿Quién se iba a preocupar por cuatro piedras y cuatro trozos de vasijas? Pues eso... De pequeños íbamos a jugar mucho por aquellos parajes. Cuántas veces habremos saltado los túmulos sin saber que debajo, hacía miles de años, niños como nosotros también saltaban y jugaban y, lo peor, que sus restos yacían debajo.
En septiembre de 2012 escribí un artículo precisamente sobre unos silos, fosas o agujeros que habían salido en el paraje de La Veredilla. Nadie sabía explicar qué eran ni para qué se usaban, y mucho menos la época en la que se hicieron y emplearon. Así, a la "chita callando", fueron apareciendo más y más agujeros por todo el paraje de La Veredilla, y luego por Las Cárcavas. Hasta que en 2020, cuando las grandes logísticas se trasladaron a Illescas, se descubrió el gran yacimiento del que todos hablan y del que se hacen eco los periódicos y revistas: Valdelasilla. Un paraje totalmente semidesértico con un gran túmulo central; el gran hallazgo de los hallazgos. Pero volvamos al principio para comprender ciertas cosas.
Entre 1984 y 1991 se desarrollaron las obras de la A-42. A su paso por Illescas arrasó con todo lo que pilló por delante. Las vías, en vez de ir por donde estaba el campo, hicieron lo que llaman desmonte; es decir, excavar para rebajar el nivel del terreno. Antes de 1985, en España no existían las leyes de Impacto Ambiental ni de Patrimonio Histórico obligatorias para las carreteras. Las excavadoras entraron a destajo y, si aparecía algo, procuraban que no se supiese: los propios operarios lo volvían a enterrar o destruir para que las obras no se paralizasen.
Imaginaos por un momento detener el tráfico de la autovía (bueno, detenerse se detiene todos los días por los atascos); me refiero a detener el tiempo y excavar justo debajo. Pues ya no existe nada, nada en absoluto. Las máquinas arrasaron con todo desde la Dehesa de Moratalaz hasta Yuncos y más allá. Si por casualidad sacaron algo, yace en cajas de cartón olvidadas, amontonadas en el Museo de Santa Cruz o en la nave de Sonseca. Una historia, la nuestra, obligada a ser desenterrada a toda prisa y sin control.
Si mañana te pilla uno de esos atascos interminables a la salida o entrada del pueblo, mira a tu alrededor. Las excavadoras no solo movieron toneladas de arcilla y piedras, sino que sepultaron y arrinconaron nuestro pasado más antiguo. Imagina que los terrenos que hoy ocupan los polígonos logísticos fueron el hogar de comunidades prehistóricas que dejaron su huella en forma de complejos silos que, aún hoy y a pesar de los estudios, nadie está seguro de para qué se hicieron.
Es de sobra conocido, aunque les pese a personas del gremio, que las sucesivas ampliaciones de la antigua N-401 destrozaron yacimientos sin catalogar. Los arqueólogos de la época hacían "prospecciones de superficie"; es decir, ir andando por caminos y veredas viendo qué sobresalía de la tierra (igualito que lo que hago yo, ya veis). Gracias a eso (y encima hay que dar las gracias) se sabía que la zona de Illescas estaba repleta de restos romanos (que los habitantes no hemos visto ni uno) y de la Edad del Hierro (que tampoco). Pero, en general, los movimientos de tierra previos a 1990 apenas se excavaron con metodología científica.
El punto de inflexión fue la Ley de Patrimonio de 1985. Justo cuando empezaban las obras fuertes de la autovía se aprobó la Ley de Patrimonio Histórico Español. Esta ley empezó a obligar a hacer "arqueología de urgencia"... Aunque tardó algunos años en lograr que las cosas se hiciesen medianamente bien, entre los desmontes que se registraron entre Madrid y Toledo destaca el yacimiento de Arroyo de Humanejos. Allí se identificaron las primeras piezas de vasos campaniformes (y sus características cazuelas y cuencos), con decoraciones hechas mediante incisiones y líneas impresas, donde usaban peines o punzones para adornar con mimo sus vasijas.
Otros yacimientos como Valladares, Valdelasilla o Las Cárcavas han sido excavados y catalogados... Seis mil años de historia bajo los campos de cultivo.
Y llegamos a 2020. En la zona de Valdelasilla, un área que quedó cortada por la autovía al igual que los Cerros del Prado (ahora lo llaman "Cerro Blanco" porque claramente solo queda uno), todas estas excavaciones han demostrado sin ninguna duda que toda la loma y los cerros paralelos a la autovía eran, en realidad, un inmenso complejo continuo de silos y viviendas.
Este hallazgo monumental cerca del arroyo Viñuela fue identificado mediante una excavación de rescate o "arqueología de salvamento" (una intervención arqueológica rápida y sistemática, realizada en un terreno amenazado por obras, desarrollo o desastre natural, cuyo objetivo es recuperar, documentar y proteger la información histórica antes de que el sitio sea destruido de forma irreversible).
Y eso es lo que la ley del 85 permite: catalogar, documentar, expoliar (ellos lo llaman recuperar) y proteger la información... Pero el sitio ya no existe. Da igual que hubiesen pasado las excavadoras como en la autovía; ahora hay dos sendas empresas de logística en las 45 hectáreas que ocupaba este asombroso descubrimiento. Un lugar que no es solo un enterramiento singular ni unos objetos y huesos bien conservados; es que, gracias a este hallazgo, han podido demostrar un megalitismo único que reescribe el origen europeo.
Porque vamos a ver, estoy de acuerdo en que todo este tema lo han tenido que pagar las empresas que querían desarrollar los terrenos, que no es un complejo tan "especial" como para mantenerlo abierto, que a la gente no le gusta (no han preguntado a la gente, fijo), que pierden un montón de dinero y no es viable, y bla, bla, bla... Pero digo yo, ¿para qué lo destruís? ¿No se podía haber quedado como estaba por si dentro de 50, 100 o 6000 años alguien volvía a encontrarlo y entonces sabrían lo que ahora no se sabe? ¿Por qué coger hasta la última piedra y derribar el complejo? No me entra en la cabeza, la verdad. Algo que llevaba 6000 años en pie y en dos ha desaparecido para siempre. Qué orgullosos deberán estar todos, la verdad.
Todo esto es el reflejo de una alarmante miopía institucional que nos da el premio de consolación porque ha metido la Historia en una caja de cartón.
La autovía pudo sepultar los caminos de la prehistoria y las logísticas han podido enterrar una construcción megalítica, pero aún queda gente que alza la voz —en mi caso, las teclas— para recordar que, bajo las miles de toneladas de asfalto y hormigón, aún late una cápsula del tiempo que se niega, por derecho, a ser olvidada.
Hasta la próxima.